Reportajes

No pueden prohibir fitosanitarios por una visión irreal de la sanidad vegetal

24-03-2009 Cooperativas Agro-alimentarias Extremadura

Por Manuel Rodríguez Corrales, presidente de la Sectorial de Suministros de UNEXCA y presidente de la Sectorial de Arroz de Cooperativas Agro-alimentarias.

Estos productos son necesarios para producir alimentos seguros, pero el interés económico ha primado para excluir muchos de ellos necesarios para controlar patologías, por lo que sería conveniente crear un organismo público para la defensa de materias activas genéricas frente a los costosos productos “estrella” de las multinacionales.



Algunas incongruencias recoge la norma que se ha dado en llamar paquete de fitosanitarios, aprobada por el Parlamento Europeo, y que aún debe ratificar el Consejo de Ministros de Agricultura. Una de esas incongruencias es prohibir la autorización de ciertas sustancias activas en base a criterios de peligrosidad, sin evaluar si suponen un riesgo en las situaciones de uso real, tal y como se valora ahora.

Y es que esto conduciría a la pérdida innecesaria de muchas sustancias activas utilizadas de forma segura por los agricultores y que son imprescindibles para proteger a los cultivos de las plagas, enfermedades y malas hierbas, ante lo que entendemos que la revisión de materias activas debería ser tratada siempre bajo evaluación de la seguridad basada en criterios científicos.

En realidad, la legislación actual no está permitiendo un proceso progresivo de sustitución que introduzca de manera rápida y controlada la incorporación de nuevas sustancias que posibilitase a los agricultores elegir los productos más efectivos, sino que más bien está conllevando la pérdida de muchos productos fitosanitarios, provocando una falta de alternativas adecuadas para la lucha fitosanitaria.

Una de las peculiaridades de nuestro país es que dispone de una gran diversidad de cultivos y, por consiguiente, de problemas fitosanitarios, de forma que es necesario un gran número de productos. Sin embargo, la gran mayoría está desapareciendo.

Además, tenemos cultivos como la cereza, el arroz o la ciruela que representan un porcentaje de superficie muy pequeño en el global de la UE, lo que supone que sea antieconómico defender su inclusión en el Registro de Productos Fitosanitarios y que se estén quedando sin alternativas fitosanitarias para protegerse ante las plagas, enfermedades y malas hierbas.

En el cultivo del arroz, la actual normativa ha provocado que los agricultores tengan que afrontar la próxima campaña sin ningún producto autorizado para el control del pulgón, o más claro aún es el caso de la desaparición del malatión, dejando a la Administración sin productos autorizados para realizar la campaña de la pudenta este año. Los frutales a día de hoy tampoco tienen ningún producto autorizado para controlar el gusano cabezudo, así como la viña, que no cuenta con ningún producto eficiente para combatir la yesca.

En todo esto ha influido el alto coste que supone defender una materia activa para que sea incluida en la directiva actual, a la que sustituirá el paquete de fitosanitarios, lo que ha generado que desaparezcan muchas de las sustancias activas que podemos denominar genéricas. Sin embargo, el 50% de estas materias, aún siendo eficientes y respetuosas con el medio ambiente, están siendo excluidas por motivos económicos, porque son producidas por multitud de casas comerciales y vendidas a un menor precio. Por el contrario, se está apostando por los “productos estrella” de las multinacionales, con unos precios más caros y en ocasiones abusivos, motivando un incremento de los costes de producción que tienen agricultores y dejando en numerosas ocasiones una única alternativa para resolver un problema fitosanitarios.

Esta situación permite que se abra la puerta a la importación de productos agroalimentarios de países con gran potencial agrícola, pero que no han evolucionado al mismo ritmo que los europeos en el control de la comercialización, manejo y aplicación de fitosanitarios. Países que están exportando a la UE productos agroalimentarios, en cuya producción se han aplicado fitosanitarios cuyo uso no está autorizado en Europa, dándose así casos como la leche china o el aceite ucraniano.

Existe el convencimiento de que es necesario avanzar hacia una agricultura más sostenible, garantizando productos seguros para el agricultor, el consumidor y el medio ambiente, considerando las condiciones de usos reales basadas en la evaluación científica de riesgos, pero no podemos olvidar, que los productos fitosanitarios son herramientas necesarias para producir alimentos seguros en calidad y cantidad suficientes a unos precios razonables.

Esperamos que nuestros representantes comprendan la necesidad de analizar el impacto que la nueva legislación puede generar en la viabilidad de la agricultura europea y, por tanto, en el actual suministro alimentario. Europa no puede permitirse el lujo de prohibir los fitosanitarios por una visión irreal de la sanidad vegetal agraria.

La legislación debería permitir procesos de autorización, que agilicen la aprobación y desarrollo de nuevas sustancias activas, de forma que aún controlando adecuadamente su impacto en la salud y en el medio ambiente, permita sustituir al sistema actual donde los procesos son largos, lentos y costosos.

Proponemos así la creación de un organismo público para la defensa de las materias activas genéricas, que aún siendo baratas son seguras para los agricultores, para los consumidores y para nuestro entorno.

Igualmente, planteamos que haya un suficiente número de alternativas adecuadas para reducir al mínimo la aparición de resistencias, además de fomentar la diversidad química en cultivos que no tienen suficientes alternativas. De lo contrario, la drástica reducción de las soluciones disponibles para la protección vegetal y el alto coste de los productos autorizados afectará a la agricultura tradicional, poniendo en grave peligro la rentabilidad y viabilidad de las explotaciones agrícolas.