Reportajes

Presente y futuro del sector agroalimentario español

26-03-2009 Cooperativas Agro-alimentarias

Discurso íntegro del presidente de Cooperativas Agro-alimentarias, Fernando Marcén, durante la Jornada organizada por el MARM sobre el presente y futuro del sector.

Introducción
Antes de nada quisiera agradecer esta iniciativa al Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino. Entre otras cosas, porque entiendo que es absolutamente necesario hacer una reflexión sobre el presente y el futuro del sector agroalimentario en la que participemos los representantes del sector y también la propia Administración.
Dicho esto, y para respetar el título de la mesa redonda, vamos a hablar del presente. Para ello voy a hacer una breve introducción sobre el mercado, el escenario económico en el que nos desenvolvemos y finalmente hablaré de la PAC actual y su trasposición en España.

El mercado
En cuanto al mercado conviene poner de manifiesto que estamos asistiendo a una volatilidad sin precedentes, tanto en los precios de los productos agrarios como de los principales suministros, lo que está provocando una gran incertidumbre en el sector. Desgraciadamente, es previsible que esta situación se mantenga ante la falta de herramientas públicas para gestionar los mercados, en la medida en que éstas se han ido desmantelando paulatinamente en las continuas reformas de la PAC, especialmente desde la instauración del Régimen de Pago Único con la Reforma del 2003. Pero no debemos olvidar que, en gran medida, los instrumentos de regulación de mercado han configurado un modelo determinado de empresa y de producción que ahora hace aguas.
Por otra parte, la práctica desaparición de los mecanismos públicos para la gestión de los mercados está provocando que aquellos países de la UE más vertebrados y mejor organizados, se auto-regulen y utilicen el mercado español como destino de buena parte de sus excedentes cuando, por las razones que sean, no los pueden colocar en el mercado internacional. Este es el caso de la leche en la actualidad.

La PAC actual
En definitiva tenemos en la actualidad una PAC donde los instrumentos de apoyo al sector reposan, en la inmensa mayoría de los casos, en las ayudas desacopladas basadas sobre referencias históricas, que se están mostrando insuficientes para garantizar la renta de los productores, sobre todo de aquellos que carecen de referencias históricas.
Precisamente por esto, estamos viendo en la actualidad como el mantenimiento de la actividad agraria y agroalimentaria depende de las fuerzas del mercado que, como decíamos anteriormente, es cada día más volátil y está cada vez más concentrado y globalizado. Esta situación está teniendo ya un impacto en el mapa productivo estatal y comunitario y lo tendrá en mayor medida en los próximos años.


La crisis económica y financiera
A este escenario se ha venido a sumar la crisis económica y financiera mundial que está provocando un cambio en los patrones de consumo de los productos agroalimentarios. Por ejemplo, el aumento del consumo de las marcas del distribuidor en detrimento de las marcas del fabricante y de los productos con mayor valor añadido. Pero también nos están afectando los problemas del sistema financiero, tanto en lo referente a la cobertura de liquidez para el desarrollo de la actividad ordinaria, como por la dificultad en el acceso a la cobertura de los riesgos por insolvencia de muchos de nuestros clientes. Ambos fenómenos, de mantenerse, podrían colapsar a muchas empresas y a muchos productores y está incidiendo de forma particularmente grave en la actividad productiva y comercializadora.

El debate del presupuesto de la UE
En el plano político y enmarcados ya en los debates sobre el presupuesto futuro de la PAC, podemos decir que el debate será muy duro y complejo. Si históricamente había una guerra Norte-Sur, tras la ampliación de la UE se ha abierto otro frente que podríamos calificar de Este-Oeste. Así, mientras que los países del Norte son poco favorables o incluso reacios a la existencia de un presupuesto suficiente para pagar la PAC, los nuevos Estados Miembros reclaman mayor dotación presupuestaria para su agricultura y un reparto más acorde con la realidad agraria sus países.
Por tanto, cabe esperar que ideas como la cofinanciación de la PAC tomen cada vez más fuerza, en un debate cada día más egoísta y endurecido por un escenario de crisis. Por otra parte, la subsidiariedad que se está permitiendo en los últimos años a los Estados miembros pone de manifiesto que Bruselas se ve incapaz de proponer un proyecto común que no sea el desacoplamiento de las ayudas y el desmantelamiento de los instrumentos de regulación.
Estamos, en consecuencia, ante un panorama complejo, plagado de incertidumbres y donde todo parece apuntar a un escenario en los próximos años donde las fuerzas del mercado seguirán actuando de manera agresiva, amenazando la viabilidad de la industria, de las cooperativas y, por tanto, de los propios agricultores y ganaderos.
Por otra parte, la concentración de la demanda y el protagonismo de la gran distribución, hace que los precios se configuren en el último eslabón de la cadena y, de ahí, vayan trasladándose hacia atrás, hasta llegar al productor a unos niveles que en muchos casos no les permite la viabilidad y la capacidad de aguante del sector es cada vez más limitada.
En definitiva, urge un replanteamiento del modelo de negocio de muchas de nuestras empresas y de las estructuras tanto productivas como empresariales. Cooperativas Agro-Alimentarias lleva mucho tiempo advirtiendo sobre la situación, que se ha agudizado por la crisis económica que estamos atravesando, donde las industrias y empresas que aportan mayor valor añadido están sufriendo las consecuencias de la feroz competencia entre la gran distribución, que a menudo utiliza los precios de los productos alimentarios como reclamo ante sus clientes y que está provocando una carrera destructiva entre la industria agroalimentaria.
Por ello urge definir el modelo o modelos de empresas que queremos potenciar en nuestro país. Tanto a nivel de la producción como en el de la transformación y comercialización. “Dejar hacer” no nos llevará más que a la destrucción y desde luego las cooperativas no podemos optar por un crecimiento en detrimento del eslabón más débil de la cadena; el productor.


Propuestas
Conscientes de esta situación y para poder reaccionar y adaptar nuestras estrategias a los nuevos condicionantes, estamos trabajando en varios frentes que entendemos básicos y que paso a describir a continuación.
Mentalización empresarial
No es posible mantenerse en el mercado actual aplicando recetas del pasado y sometidos a egoísmos territoriales o sectoriales. Para ello debemos mentalizarnos y ser conscientes de la necesidad de adaptarnos y orientar todas nuestras fuerzas en la misma dirección.
Por otra parte, las personas son la clave en cualquier empresa, por lo que debemos ser conscientes de la necesidad de contar con los mejores profesionales, capaces no sólo de entender de producción y de materias primas, sino capaces de avanzar en la cadena de valor y eliminar eslabones innecesarios.

Redimensionamiento
Pero para ello debemos tener la dimensión adecuada.
Efectivamente, no hay proyecto empresarial que tenga futuro si no está bien dimensionado y ahí radica una de las principales limitaciones que tenemos en nuestro país.
Debemos ser conscientes de que una parte muy importante de las empresas agrarias y de las industrias agroalimentarias de nuestro país manejan comodities o productos escasamente diferenciados, que precisan un volumen que les permita aprovechar las economías de escala, sin las cuales su viabilidad estará a merced de la coyuntura y de factores externos que no podrán controlar.
Las causas de la atomización de la oferta son múltiples, pero también existe una gran atomización en la industria agroalimentaria y en nuestras cooperativas.
En primer lugar la estructura político-administrativa que define el Estado de las Autonomías, donde cada Comunidad Autónoma tiene su propia estrategia que está limitada a su ámbito territorial, provoca una dispersión tanto en las iniciativas como en los instrumentos de apoyo. Esta situación, que desde Cooperativas Agro-alimentarias venimos denunciando desde hace tiempo, está teniendo consecuencias muy negativas, particularmente graves cuando se trata de cooperativas.
De hecho no existe en la actualidad ningún instrumento de carácter estructural en España que pueda impulsar los grupos empresariales supra-autonómicos, tan necesarios para atender a un mercado cada día más global y concentrado. Tan sólo existe la Orden Ministerial de Integración Cooperativa pero, por estar sometida a la reglamentación de Ayudas de Estado, está limitada a 400.000 € por beneficiario y para un periodo máximo de 3 años.
Esta situación choca frontalmente con la existente en otros Estados miembros de la UE, donde a la ya de por sí mejor dimensión de sus empresas hay que añadir la concentración del apoyo que éstas reciben a través del segundo pilar de la PAC y otros instrumentos de carácter estatal.

Mejora de la competitividad
La competitividad es otro concepto que inevitablemente debemos tener en cuenta al hablar de futuro, sobre todo cuando hemos afirmado al principio que vamos a depender cada vez más de las fuerzas y tensiones del mercado. Pero para ser más competitivos se necesita, como hemos dicho anteriormente, contar con los mejores profesionales, tener una implantación internacional, invertir en I+D+i y avanzar en la cadena de valor, etc. y todo esto sin una dimensión adecuada como punto de partida es imposible de alcanzar.


Conclusiones y propuestas
En el Estado Español existen algo más de 4.000 cooperativas que facturaron en 2007 unos 18.000 M€, lo que supone una media de 4,3 M€/Cooperativa. Sin embargo, hay que ser conscientes que las empresas agroalimentarias con menos de 100 M€ no tienen una masa crítica suficiente para acometer, con garantías de éxito, las inversiones y estrategias que hemos enunciado anteriormente.
De la misma forma que los productores no van a poder mantenerse si no están convenientemente organizados e integrados en estructuras empresariales que les permita llegar al mercado y percibir el valor añadido que se genera en el proceso de transformación y comercialización.
Y es precisamente ahí donde no entendemos como en ocasiones surgen voces que critican o cuestionan a las cooperativas porque, a pesar sus debilidades, hay que reconocer que están contribuyendo de forma decisiva al mantenimiento de la actividad en las zonas rurales y en estos momentos de crisis son un colchón frente a los problemas de financiación que tienen muchos de nuestros agricultores y ganaderos.
En Cooperativas Agro-Alimentarias nos preguntamos cómo podemos remar todos en la misma dirección, los productores y sus cooperativas, la propia industria y las diferentes Administraciones.
¿Resulta útil agotar todas nuestras energías discutiendo un sistema de pagos desacoplados que sabemos que tiene fecha de caducidad y que no dan una solución a los problemas del mercado?,
¿No tendrá más sentido plantear un debate a más largo plazo, responsable, coherente con los objetivos que nos hemos marcado y la situación actual, en lugar de mantener permanentemente posiciones defensivas que provocan la parálisis?
A nuestro juicio necesitamos una política de futuro, estatal y concertada, bajo una estrategia unida, que proporcione una línea de actuación clara que permita diseñar instrumentos a la altura de los problemas a los que nos tenemos que enfrentar. Debemos también defender un modelo de PAC que aporte mayor estabilidad a un sector estratégico y fundamental para la sociedad como es el sector agroalimentario.
A nuestro juicio, si queremos mantener la actividad agraria y agroalimentaria en nuestro país, es necesario tener en cuenta esta premisa y orientar las ayudas, no hacia el inmovilismo o hacia referencias del pasado. No podemos mantener en el tiempo las ayudas por el mero hecho de “ser” o de “estar”, sino por “hacer”, orientando todos los esfuerzos hacia aquellas personas y empresas que están adaptando sus estructuras y modelos de producción en consonancia con las exigencias del mercado.
Para nosotros un instrumento que podría reunir todos los elementos que apuntamos anteriormente es la figura de la Organización de Productores. Estas OPs, al igual que en la OCM de frutas y hortalizas, podrían desarrollar un programa plurianual orientado a la mejora de la comercialización de los productos entregados por sus asociados. Incidiendo sobre la programación y la adaptación de la producción, la concentración de la oferta, la optimización de los costes y las inversiones y la valorización de los productos.
Estas OPs deberían satisfacer además unos requisitos mínimos en términos de dimensión (número de socios y facturación) así como de medios técnicos y estructura comercial claramente alineada con las necesidades del mercado.
No deberíamos caer en la tentación de rebajar los mínimos para la calificación de las OPs y repetir los errores del pasado que siguen fomentando la atomización y la competencia entre productores.
Un sistema como el que acabamos de describir permitiría justificar a largo plazo la existencia de una Política Agrícola Común, sostenible, orientada al mercado, que mejoraría sin duda la competitividad del sector y el posicionamiento y la viabilidad de los productores.
Por otra parte las OPs podrían tener capacidad de autorregulación para enfrentarse a situaciones de gestión y previsión de crisis, cuestión extremadamente importante y que en el momento actual no cuenta con ningún mecanismo capaz de atender de forma eficaz situaciones de depresión en los precios, tal y como sufren en la actualidad algunos sectores.
Mientras no dispongamos de este tipo de estructuras que cubran una parte mayoritaria de nuestras producciones, seguiremos a merced del mercado y de políticas que nos llevan al inmovilismo primero y tarde o temprano al abandono.
Estaremos como en la actualidad, lamentándonos por la impotencia y la incapacidad de dar respuesta a una situación compleja pero no definitiva, en lugar de aprovechar las oportunidades que sin duda existen y existirán.
Nosotros las cooperativas seguiremos optando por lo segundo, pero nos gustaría hacerlo con todos vosotros. Es mucho lo que está en juego y la responsabilidad como organizaciones nos obliga a intentarlo.

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