Reportajes

La primera explotación gallega que instala un robot de ordeño

25-02-2005 AGACA

Eladio Rigueira tenía 26 años cuando hace siete se hizo cargo de la explotación lechera familiar en Taboada (Lugo). En aquel momento la granja tenía 20 vacas en producción y una cuota láctea que no superaba los 85.000 kg, pero aplicando una visión empresarial al negocio Eladio fue ampliando cabezas, cuota, instalaciones, maquinaria y actividades, hasta convertir aquella pequeña explotación familiar en lo que es hoy en día, una empresa que combina producción láctea, una quesería y una nave para la cría de patos, que en 2004 facturó más de 600.000 euros y que da trabajo a ocho personas de la zona.

Pero el proyecto no está ni mucho menos estancado. Hace unos días esta explotación fue la primera de Galicia en la que se instaló un robot de ordeño, lo que no deja de sorprender, sobre todo teniendo en cuenta la importancia de la ganadería en esta Comunidad, que aglutina la mitad de la cuota láctea nacional, y que en otras zonas de España esta tecnología lleva ya tres años funcionando. En los próximos meses además está prevista la adquisición de un segundo robot, así como la ampliación de la fábrica de queso. En definitiva, todo un ejemplo de como un ganadero joven con dedicación y visión empresarial ha hecho de la explotación familiar no sólo su medio de vida, sino una fuente de riqueza para su entorno y un verdadero referente en el sector.

Cuando la explotación de Eladio Rigueira se vio en la necesidad de sustituir la sala de ordeño original, debido al aumento en el número de cabezas en producción, decidió informarse acerca de una alternativa aún hoy novedosa, pero por aquel entonces absolutamente experimental: el robot de ordeño, que aunque en los Países Bajos se utiliza desde hace más de una década, en España hace tres años desde que se instaló el primero.

Antes de adquirir un robot de ordeño para su explotación, visitó la práctica totalidad de los alrededor de 80 robots instalados en ganaderías del resto de España, sobre todo en Castilla y León, Cataluña y Navarra. En cada visita, y a medida que observaba los beneficios derivados de la incorporación de esta tecnología, Eladio fue convenciéndose más: “Las ventajas no están sólo en el tema del ordeño, van mucho más allá: el robot informa de posibles enfermedades, detección de restos de sangre en los animales, situaciones de estrés o celo, descensos en la producción pezón a pezón..., es decir, un control integral sobre la cabaña”, explica. Cada animal va dotado de un collar en el que se almacenan todos los datos referentes a su estado, y las incidencias más graves o urgentes son recibidas de manera inmediata por el propietario en su propio teléfono móvil.

Finalmente, y después de más de un mes de obras, a finales de 2004 comenzó a funcionar el robot de ordeño en la explotación. El coste de la máquina, que da servicio para 65 cabezas, ronda los 150.000 euros.

Interes creciente en el sector

En la granja hay 90 vacas en producción y la idea es seguir creciendo a corto plazo, por lo menos hasta las 120-130, de manera que ya se contempla la adquisición de un segundo robot en 2005. Cuando el robot funcione a pleno rendimiento, será posible realizar tres ordeños diarios, de manera que está previsto un incremento de la producción por cabeza entre un 15 y un 20% anual (la media actual, antes de la instalación del robot, se sitúa en 10.500 litros por vaca y año, por lo que es posible ampliar más allá de los 12.000 litros). Para eso será necesario un período de adaptación de alrededor de tres meses, mientras las vacas no se acostumbran a ir solas hasta el robot, para el que se emplea a modo de cebo un pienso complementario que reciben en el box de ordeño; cuando así sea, un solo empleado podrá supervisar todo el trabajo de la explotación.

De momento, la administración pública gallega, quizás debido a la falta de demanda, no ha puesto en marcha ninguna medida de apoyo para la compra de robots de ordeño, sin embargo en Cataluña, donde estas máquinas se instalan desde hace ya tres años, la subvención para el ganadero que decide incorporarla a su explotación llega hasta el 50%.

No perder el valor añadido

La explotación dispone además de una pequeña quesería, en unas modernas instalaciones en las que se transforma toda la leche que allí se produce. De la fábrica salen tres tipos de queso: Tetilla, Arzúa-Ulloa (esta zona de la provincia de Lugo está dentro de esta Denominación de Origen) y queso de barra tipo sándwich.

La estabilidad y las garantías de venta del producto de las que disfruta la explotación permiten ser optimistas de cara al futuro, hasta el punto de que en breve se procederá a la ampliación de la actual quesería para dotarla de mayor capacidad productiva, eso sí, sin perder nunca el carácter artesanal y tradicional de los quesos que se elaboran. Por este motivo, en cuanto se lleve a cabo la ampliación será necesario aumentar el cuadro de personal de la quesería, por lo que la explotación seguirá siendo generadora de empleo (sobre todo femenino) en una zona en la que las alternativas laborales no son muchas.

Además de la leche y el queso, desde hace tres años la explotación completa sus ingresos con una nave dedicada a la cría de patos, con capacidad para 8.000 animales. La cooperativa COREN (entidad socia de AGACA), encargada de la comercialización del producto, es quien proporciona la cría, donde permanece hasta alcanzar el índice de crecimiento óptimo para su sacrificio. “Cuando comenzamos con la cría de patos hace tres años esto era algo muy novedoso, y aunque representa una pequeña parte dentro de la facturación total, nos permite ir diversificando la actividad y además no requiere de una mano de obra exclusiva, sino que los mismos trabajadores que se encargan de las vacas pueden atender también la nave de los patos de manera puntual”, explica Eladio.

Dignificando la profesión ganadera

Este caso es un magnífico ejemplo de hasta donde se puede llegar en el mundo agrario haciendo las cosas bien y enfocando el trabajo con una mentalidad empresarial y profesional: “Mi mensaje a la gente joven que puede estar pensando en dedicarse o no a esta actividad es que tienen que olvidar esa visión de la gaque te voy a connadería o la agricultura en general como un trabajo reservado para quien no vale para otra cosa, algo que a veces son los propios padres los que se encargan de inculcarlo a los hijos; ésta es una profesión y una empresa tan digna como cualquier otra, y que además ofrece la gratificación de seguir viviendo en el lugar donde lo hiciste siempre, y en el caso de las vacas con la satisfacción añadida que supone ver como van mejorando y evolucionando cada año”.

Durante la visita a la explotación también quedo patente la importancia que tuvo en los primeros momentos el asesoramiento y el ánimo que le aportaron los veterinarios de COREN y los responsables de MEDELA, ahora integrada en ICOS, la cooperativa socia de AGACA a la que pertenece la explotación.