Reportajes

Cooperativas y carburantes

03-04-2012 Cooperativas Agro-alimentarias

Por Manuel Rodríguez, presidente de la Sectorial de Suministros de Cooperativas Agro-alimentarias de Extremadura.


Mayor competencia es sinónimo de precios competitivos, más ajustados a los costes y con menos margen de beneficio. También es sinónimo de mayor calidad en el servicio que se presta. Y todo ello con el beneficio que supone para los consumidores. Más aún ante la situación actual de crisis.

Pero precisamente ante esa situación de crisis se hace más necesaria una economía abierta que permita un crecimiento sostenido. En cualquier caso, puedo entender que la liberalización de los mercados no esté bien vista en algunos sectores que hasta ahora han tenido unos importantes márgenes. Pero no a costa de achacar a otros la problemática de ese sector.

Quizás sea por la crisis, unida a una escalada de precios, pero lo cierto es que ahora no podemos llenar el depósito del coche con el mismo dinero que hasta hace un año sí lo hacíamos. En cualquier caso, no creo que sea culpa de la competencia desleal de las cooperativas, como se nos ha tachado, a las estaciones de servicio.

Se ha cuestionado nuestra legalidad a la hora de suministrar productos carburantes a terceros y en cuanto al número de inspecciones a las que nos someten respecto al resto de empresas suministradoras.

Pero lo cierto es que las cooperativas pueden por ley suministrar todo tipo de carburantes a socios y terceros y más bien a lo que contribuyen, de forma decidida, es a la transparencia y liberalización del mercado de carburantes, que entendemos tan necesaria junto con la de otros muchos sectores para una mejora de la situación actual de la economía.

Porque lo que no se ha dicho es que se ha identificado una serie de disfunciones en este mercado al comprobar, siempre según las estadísticas del propio Ministerio de Industria, que entre las estaciones de servicio no hay más de dos céntimos de euros entre la distribuidora más cara y la más barata de Extremadura, lo que supone un perfecto oligopolio. Y esto a diferencia del funcionamiento del mercado de carburantes de las cooperativas, que tienen precios más competitivos con hasta más de diez céntimos de euro, favoreciendo como he indicado ya la transparencia del mercado.

Tengo que hacer referencia aquí a un estudio de la Comisión Nacional de la Competencia (CNC), que aboga por introducir mayor competencia en este sector, en el que reconoce que existen deficiencias estructurales que provocan el exceso de concentración y dificultan el juego de la competencia. Este estudio es de 2009 y recientemente la CNC hizo público un informe de seguimiento del mismo, en el que constataba que no se ha adoptado ninguna medida efectiva para cumplir sus recomendaciones, expresando así su preocupación por el funcionamiento del sector y apremiando a aplicarlas ahora con mayor urgencia con la subida del precio de los carburantes en los últimos meses y el repunto del precio del petróleo derivado de las tensiones políticas en el Magreb y en Oriente Medio.

Sea como sea, las cooperativas contribuyen a la libre competencia de este sector y además, reitero, por ley. En concreto por la Ley de Economía Sostenible, Ley 2/2011 de fecha 4 de marzo, que en su disposición cuadragésimo segunda, modifica el artículo 9.2.a de la Ley 20/1990, dice "Las cooperativas agrarias podrán distribuir al por menor productos petrolíferos a terceros no socios con el límite establecido en al apartado 10 del artículo 13 de esta Ley".

El límite al que se hace referencia supone que las cooperativas no podrán vender a no socios más del 50% de las ventas totales de carburantes. Y aquí nuestras cooperativas cumplen escrupulosamente con las normas de contabilización y tributación de estas operaciones a terceros, con un mayor trabajo si cabe, porque además deben llevar una doble contabilidad (para las ventas a socios y las ventas a no socios).

No podemos olvidar las exigencias técnicas, a las que las cooperativas agrarias se someten con el mismo nivel que el resto de instalaciones suministradoras de carburantes, ya que se les requiere, como es lógico, los mismos requisitos y cumplimiento de la normativa que para el resto de estaciones de servicios del mercado. También les afectan, en las mismas condiciones, las importantes barreras administrativas y técnicas que existen para la apertura de puestos de carburante, con largos trámites burocráticos.

Pero en cualquier caso, su legitimidad en este sector es evidente, y además con un valor añadido incuestionable, que es la importancia y las ventajas que supone para muchas zonas rurales de nuestra región disponer de un surtidor de gasolina ligado a la cooperativa, ya que en muchos casos es el único que existe en muchas de nuestras localidades.