Reportajes

Vinícola del Carmen, la cooperativa más antigua de Castilla-La Mancha

23-04-2013 Cooperativas Agro-alimentarias C-LM

La Cooperativa Vinícola del Carmen nació de la fusión, en el año 1989, de las cooperativas Vinícola Manchega (fundada en 1897) y de la Cooperativa del Campo Vinícola del Carmen (fundada en 1905). Estas dos cooperativas, seña de identidad de la localidad ciudadrealeña de Campo de Criptana, tan solo tenían como diferencia ocho años de vida y en común la necesidad de hacerse más fuertes vendiendo su producto: los derivados de la uva, tanto vino como mosto, vermut…

Según comenta el presidente de la cooperativa, Eduardo Agüero, “sin duda considero que el secreto de esta longevidad ha sido ajustar y tener un control exhaustivo del gasto para que, en ningún momento, se pueda poner en peligro la tesorería de la cooperativa. Esto se consigue, en muchos casos, a costa del propio agricultor, que tiene que reducir sus ingresos y, además, a costa de no realizar ciertas inversiones. El control del gasto es imperativo, sin duda”.

El presidente, que lleva dos años en su actual cargo, procedía de la Cooperativa Vinícola Manchega, “con lo cual el orgullo de estar aquí es doble”. Allí estuvo en la cooperativa durante 20 años en la Junta Rectora, lo que se traduce en un bagaje muy amplio en cuanto a contacto con este sector, “me siento realmente orgulloso de que la cooperativa tenga esta antigüedad, además he tenido la suerte de que mi mandato como presidente ha coincidido con uno de los mejores años del comercio del vino”.

Gigantes
La cooperativa cuenta actualmente con 460 socios activos, en su mayoría del municipio de Campo de Criptana (Ciudad Real). Su capacidad es de 35 millones de kilos de uva, aunque en la presente campaña se han transformado 16.500.000 kilos. Explica el Presidente que “hemos llegado a estar a capacidad completa en muchas campañas, sin embargo, actualmente, debido a los arranques, a la reestructuración del viñedo y a la mala cosecha que hubo el año pasado, se ha reducido considerablemente la producción”.

A pesar de esta disminución, Vinícola del Carmen sigue poniendo en valor sus marcas de vino; en concreto embotella seis tipos distintos: blanco y tinto de mesa; blanco y rosado gasificado; y blanco y tinto de la marca Gigantes, cuya peculiaridad es que el vino blanco es un coupage, mezcla de airén con sauvignon blanc, y el tinto tiene seis meses de barrica. Estos vinos se comercializan principalmente en la localidad de Campo de Criptana y, en pequeñas cantidades. Además, la cooperativa se ha lanzado al comercio internacional, “pero siempre con cautela para no poner en riesgo las cuentas de la entidad”. En concreto, el año pasado la cooperativa vendió un 40% de su producción de graneles a Italia, y esta campaña la venta ha sido de un 30%.

“En realidad nuestra mayor elaboración la hacemos a base de graneles”, cuenta Eduardo Agüero; “el granel había tenido muy mala prensa, pero actualmente los graneles son los que mejor rentabilidad dan y los que mejor se venden porque tienen un buen mercado”.

¿Y por qué recomendaría beber los vinos de Vinícola del Carmen? Su presidente lo tiene muy claro: “Nuestros vinos son vinos naturales, que rozan lo ecológico; no tienen productos extraños y no hacemos mezclas”.

Inversiones
En cuanto a las inversiones de la cooperativa, lo último que se ha realizado ha sido la sala de embotellado y la tienda (para el consumidor en general pero, sobre todo, para uso del socio), hace dos años. Sin embargo la cooperativa ya piensa en el futuro, “quereos instalar maquinaria que cuide más si cabe el vino, que lo conserve mejor y que cumpla con las condiciones que marca el mercado”.

Eduardo Agüero explica más detenidamente esta idea, “el vino que se elaboraba antes era más áspero, con demasiado color y demasiado grado, y sin duda sabemos que ese tipo de vino cada vez ha ido chocando más con los nuevos gustos, que demandan vinos más suaves, con menos color y menos fuerza, y para eso necesitas unos elementos químicos, que ya estamos utilizando, y unos elementos mecánicos como por ejemplo máquina de frío, para elaborar a mucha menos temperatura”.

“Sin duda es necesario adaptarse y mirar al mercado; saber qué es lo que demanda el consumidor y ofrecérselo”, afirma el presidente de la cooperativa, quien matiza que “hay que tener en cuenta que el sector del vino vive un momento actual muy incierto, aunque se trata de algo clásico dentro del sector, que siempre tiene grandes oscilaciones de cosecha y de precios, que casi siempre son imprevisibles”. En este sentido afirma que la prueba de estas oscilaciones es que en el mismo municipio de Campo de Criptana “muchas bodegas se han venido abajo y, a su vez, se han abierto otras, lo cual nos indica que somos un sector con mucho riesgo”.

Para el Presidente de Vinícola del Carmen, las cooperativas son imprescindibles, “mientras ellas subsisten, el comercio particular está limitado y vigilado. La prueba la tenemos en que la cooperativa se fundó porque la venta de uva por parte de los agricultores estaba condicionada a los bodegueros que en ese momento existían en la localidad, a los precios y condiciones que ellos imponían, y para evitar eso los agricultores fundaron la cooperativa”.