Reportajes

La leche se obtiene ordeñando las vacas, no exprimiendo a los ganaderos

27-03-2015 Cooperativas Agro-alimentarias

Por Eduardo Baamonde, director de Cooperativas Agro-alimentarias de España

No es un titular de prensa, sino un slogan de la cadena de distribución italiana CONAD. Esta cadena es una cooperativa que se ha sensibilizado con los ganaderos y ha trasladado al consumidor la necesidad de mantener unos precios de venta dignos. El ejemplo ilustra a la perfección la situación que está padeciendo el sector lácteo, que sufre periódicamente los efectos de una volatilidad de precios que va en aumento y que no cuenta con instrumentos ni políticas que puedan atenuar de forma eficiente sus efectos en las rentas de los ganaderos. En unos casos la volatilidad se centra en los precios pagados a los ganaderos y en otros la presión al sector es una consecuencia del efecto inducido por la volatilidad de los precios de los inputs necesarios para producir la leche, en particular el precio de los cereales y las oleaginosas. Cuando confluyen ambas circunstancias, los efectos pueden ser demoledores.

En este momento además se da la circunstancia de que en algunos Estados miembro de la UE superarán la cuota asignada, y por tanto pagarán supertasa, aún a sabiendas de que es la última campaña con cuotas y de que los precios se han deprimido, no ya por efecto de un incremento de la producción, sino por la reducción de las exportaciones como consecuencia del veto ruso. Particularmente grave es la situación en los Países Bálticos y Finlandia. En los primeros, los precios se han reducido hasta llegar a 18 cts/litro, en Finlandia todavía están por encima de los 30 cts/litro, gracias a la existencia de una gran concentración de la oferta, que alcanza prácticamente el 100% de la leche producida y del liderazgo de una cooperativa -Valio- que ha sabido capear el temporal diversificando destinos y productos.


Efectivamente el sector vive con gran incertidumbre el impacto de la desaparición del régimen de cuotas, máxime cuando se observa una disparidad de posiciones entre los Estados miembro que impide tomar decisiones y bloquea cualquier iniciativa de la Comisión, actualmente rendida ante su incapacidad de presentar propuestas que puedan contar con la mayoría necesaria para conseguir su aprobación en el Consejo y en el Parlamento.

Ante esta tesitura la solución no es fácil y desde luego proponer una solución milagrosa, como están haciendo algunos, me parece una ingenuidad. Me voy a limitar a describir lo que para mí son los 3 modelos básicos existentes en España en las primeras fases de la cadena y comentar lo que a mí juicio debería ser la estructura productiva y transformadora más conveniente para los próximos años.

En España un 60% de la producción está en manos de productores individuales que entregan su leche a la industria o a algún primer comprador independiente. Son los más vulnerables y, hasta no hace mucho, la mayoría entregaba la leche a sus clientes sin mediar contrato alguno, lo que permitía espirales de precios a la baja a la más mínima tensión del mercado, entre otras cosas porque ni la industria ni los intermediarios tenían compromisos previos, al menos formalizados, con los ganaderos.

El 40 % restante de la producción se entrega a través de cooperativas, pero en este grupo hay que distinguir dos modelos. El primero está formado por la mayoría de las cooperativas que agrupan la leche de sus ganaderos para venderla posteriormente a la industria. Mejoran la posición negociadora si los comparamos con el modelo anterior, pero siguen siendo muy vulnerables ante situaciones excedentarias y cuanto mayor es el volumen de leche que agrupan, mayor es su vulnerabilidad porque se ven en la obligación de seguir recogiendo la leche de sus ganaderos y colocarla en el mercado, la mayoría de las veces a costa de la bajada de sus precios. Para este modelo puede resultar interesante constituir Organizaciones de Productores y Asociaciones de Organizaciones de Productores, con el fin de agrupar un volumen significativo de leche que les permita gestionar su oferta ante situaciones adversas y tener así un cierto impacto en el mercado.

Otras cooperativas no sólo se limitan a concentrar oferta, sino que la transforman y llegan hasta el último eslabón de la cadena. El problema es que actualmente solo representan el 20% de la leche envasada. Este último modelo es el más avanzado, pero está claro que deben diversificar más sus productos, actualmente muy concentrados en la leche UHT, y diversificar también sus clientes, centrados casi exclusivamente en las cadenas nacionales. La internacionalización no es un proceso sencillo ni a corto plazo, requiere además una dimensión mínima. Por otra parte, la diferenciación es un elemento indispensable en todas las cooperativas, particularmente en las lecheras, porque si ésta no se alcanza la única posibilidad para mejorar la competitividad es la reducción del precio de compra a los ganaderos y esto es algo que las cooperativas deben evitar en la medida en que sus proveedores son también sus propietarios. Para todo ello se necesitan economías de escala y una dimensión que actualmente no tienen.

Este ha sido el camino emprendido por las cooperativas de países como Holanda, Dinamarca, Irlanda, Finlandia, los Estados Unidos, Canadá o Nueva Zelanda. Para mí está claro que es el modelo a seguir, pero para poder alcanzarlo necesitamos al menos que se den dos circunstancias fundamentales:
1. Concentración de la oferta: que los ganaderos individuales (60% de la producción) decidan entregar su leche a través de cooperativas,
2. Integración: que las cooperativas no transformadoras se integren en las cooperativas transformadoras y que éstas a su vez se integren entre sí o establezcan alianzas que les permitan alcanzar economías de escala con las que rentabilizar mejor sus inversiones para incorporar un mayor valor añadido e internacionalizarse.

¿Es posible?, espero que sí. Pongámonos a ello, porque si no lo hacemos seguiremos a merced de un mercado cada día más volátil y complejo, sufriendo los efectos de una volatilidad que siempre ha estado ahí, pero cuyo impacto se atenuaba a través de unos dispositivos de intervención públicos que hoy ya no tenemos.