Reportajes

El ambicioso objetivo de la UE de un 40% de energía renovable cuenta con nuestro respaldo, pero no lo alcanzaremos sin la biomasa agrícola y forestal europea

01-02-2022 COPA-COGECA

Por Alexander Bachler, presidente del Grupo de Trabajo «Bioenergía» del Copa Cogeca.

Después de que la Comisión anunciara en el mes de julio el paquete de medidas «Objetivo 55», estas propuestas siguen ahora su trascurso por las distintas instituciones europeas.
Próximamente habrá debates al respecto en el Parlamento Europeo, concretamente, acerca de la revisión de la Directiva sobre energías renovables. Con el fin de alcanzar sus metas, la Comisión propuso elevar el objetivo referente a las energías renovables de un 32% a un 40% de aquí a 2030. Un cambio sustancial, aunque no inalcanzable. Para lograrlo, eso sí, habrá que contar con todas las tecnologías disponibles y darles un trato igualitario, respetando el principio de «neutralidad tecnológica».

En este momento, ése es precisamente el elemento de la propuesta de la Comisión que no termina de convencerme: al evidenciar una preferencia clara por la electricidad procedente de fuentes renovables intermitentes, la propuesta omite en gran medida el papel principal que puede desempeñar la biomasa europea sostenible de origen agrícola y forestal. De hecho, es una preocupación que muchos comparten en Bruselas. Pina Picierno, ponente de este texto en la Comisión de Agricultura, declaró recientemente que «no se trata solo de la electricidad, sino también del biogás y los biocombustibles» . Y estamos de acuerdo con ella.

Los medios de comunicación suelen concentrar su atención en la energía eólica o solar, por lo que pocas personas conocen un hecho fundamental: que la biomasa es, hoy en día, la principal fuente de energía renovable en la Unión Europea. Ya se trate de biocarburantes para el transporte por carretera, de biogás para generar calefacción o electricidad, o de dendroenergía a partir de pellets o virutas de madera, la biomasa representa en sus diversas formas el 60% del consumo de energía renovable en la UE. Por su parte, la producción de energía eléctrica en la Unión Europea solo utiliza en la actualidad aproximadamente un 35% de fuentes de energía renovables. En los últimos veinte años, los biocombustibles sostenibles derivados de cultivos agrícolas han ayudado a reducir de manera efectiva las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en el transporte por carretera. Los carburantes a partir de biomasa abastecen hoy en día a muchos sectores que resultarían difíciles de electrificar. Por citar un ejemplo concreto, para la comunidad agrícola la idea de los tractores eléctricos está todavía a años luz de la realidad.


Poner trabas al uso de la biomasa sostenible europea con disposiciones sobre sostenibilidad excesivas sería problemático en muchos sentidos. En lo que respecta a los biocombustibles, sabemos que la mayoría de los coches y vehículos de carretera seguirán funcionando con motores de combustión interna durante los próximos quince años. Por lo tanto, los biocarburantes sostenibles derivados de cultivos agrícolas seguirán siendo una alternativa directamente disponible, además de la más eficiente, a los combustibles fósiles, en especial para utilizar la flota de vehículos todavía en funcionamiento. En cuanto al biogás, al ser compatible con las calderas de gas existentes, puede facilitar en gran medida la transición hacia la calefacción a partir de fuentes renovables, sin causar perturbaciones mayores ni precisar del desarrollo de infraestructura. Por último, en el sector de la calefacción y la refrigeración los planes de la Comisión para electrificar lo primero resultan inviables para algunos Estados miembro. Mientras tanto, la agricultura y la silvicultura europeas tienen el potencial de producir cantidades suplementarias de biomasa certificada y sostenible apta para tales usos.

El sector agrícola europeo tiene un firme compromiso con la sostenibilidad y la mejora constante de su balance de GEI. Por eso debemos contar también con fuentes de energía renovable y combustibles alternativos. El uso de biocombustibles europeos derivados de cultivos agrícolas es compatible con los objetivos de seguridad alimentaria (inclusive en los piensos), de protección del medio ambiente, de lucha por limitar los efectos negativos del cambio climático, de seguridad energética y de crecimiento y empleo en las zonas rurales. Unos sectores ejemplares en este sentido son la colza y el girasol, con la subsiguiente producción de biodiésel y tortas para la alimentación animal, y la remolacha azucarera o los cereales, con la producción de etanol y alimento para animales.

En los próximos días se intensificarán los debates, sobre todo en las comisiones de Medio Ambiente (ENVI) y de Industria, Investigación y Energía (ITRE) del Parlamento Europeo, así como en los grupos de trabajo del Consejo. Por ello, guardamos la esperanza de que los colegisladores tomen en consideración la función que cumple en todos los sectores la biomasa sostenible certificada procedente de la agricultura y la silvicultura europeas. Después de que una decena de Estados miembro dirigiera un escrito al Parlamento Europeo y al Consejo hace unos días, y a tenor de la buena disposición de la Presidencia eslovena por aportar flexibilidad a los mecanismos para cumplir los objetivos de reducción de la intensidad de GEI en el transporte, nosotros reclamamos una política estable a largo plazo para garantizar la inversión en el sector de la bioenergía, ahora y en el futuro. No debemos olvidar que la revisión de la Directiva sobre energías renovables (DER) se inició tan solo unas semanas después de que se integrasen las disposiciones de la DER II en la legislación nacional. La bioenergía es una fuente de energía descentralizada, rural y sostenible que puede diversificar nuestro abastecimiento energético y ofrecer oportunidades para nuestros agricultores y silvicultores; no prescindamos de ella.